... en qué bóvedas azules voy a guardarte de la alta oscuridad que me llama ...

domingo, 4 de abril de 2010

En la razón ignota de mi ser



En la razón ignota de mi ser,
te pienso.

Y he anhelado tu sombra
desde las paredes marchitas
de mi encierro.

Sobrevivo
con una desilusión
que me asfixia los ojos.

¿Qué es tu nombre,
sino el vértice puro
en las enredaderas dulces
del silencio?

Con la noción más triste
te llamo
a remover el hoy,
los momentos
cuando me seguías
y estabas
aciclada a mi diestra
como rosa de sombras
perfectas.



¿Qué palabra existe para nombrar
al viejo amor, al eterno?

En qué bóvedas azules voy a guardarte
de la alta oscuridad que me llama
a dormir por siempre en el recuerdo.

La luz me arroja
al punto más exacto
del desconcierto.

La mayor piedad de los muros
está en el silencio.

4 comentarios:

  1. Un viejo amor se llama simplemente nostalgioso olvido.
    Bello enredarse en el misterio azul de tus versos.

    Cariños.

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  2. Ay mija, qué vamos a hacer con usted que anda como la Frida, nomás pintando fridas y más fridas y más Fridas. Lo bueno es que como Frieda, quien solía autonombrarse de esa forma en las cartas que escribía con su gente querida, aunque siempre se habla de lo mismo, a veces hay monos, otras fridas, otro tacuche tehuano y en tu caso pues variantes hacia el preciosismo inteligente de la palabra pero con el aún ya error recurrente de ser reiterativa en los silencios. Amiga, creo que es alarmante, preocupante... No sé, hay qué cambiar, lo necesitan tus letras.

    Saludos.

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  4. Grande es la palabra. Genial también...
    Complace mucho.
    Abrazo fuerte!

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